Otro día que me toca esperar a mí. Mañana llego tarde… O
ni aparezco.
Siempre digo igual y luego no lo hago. Pero muy pronto voy
a ser capaz y entonces ya verá… Ver todos los días a la misma gente me está
hartando. No entiendo como no se aburrirán de hacer siempre lo mismo.
Por ahí llega el muchacho del pastor alemán… Parece que esta
tarde no va tan desastrado. Eso es que tendrá alguna cita… Tira la pelota, el
perro se la devuelve. La camiseta de hoy no es muy fea. Este niño debería ir
siempre con colores claros… Ahí va la pelota otra vez, y ahí va corriendo el
pobre animal. Pues ya no salta como antes. —¡Que fea es la vejez! Como decía mi
abuela—… Lo que sí es seguro es que el chiquillo tiene una cita —o un rollo de esos
como dicen ahora—. Los vaqueros que lleva tienen mejor pinta que los de otras
veces… Pues me alegro de que este chico tenga algo, que quedar con alguien que
te gusta siempre crea mucha ilusión…
En fin… Que el
muchacho irá donde le dé la gana, pero yo es la última vez que vengo aquí. —¡Vaya
que si lo es!— Y además, que tampoco voy a ser la mujer más paciente del
mundo… Pero, ¿y si dejo de venir y le pierdo del todo? No sé… Bueno, ahora no
voy a entretenerme en pensar en eso.
Ya viene la pesada
de la frutería, seguro que me saluda como si le diese mucha alegría verme… la
que me lía para un par de manzanas y alguna lechuga que le compro de vez en
cuando… Entre su colonia y su conversación siempre me deja mareada. Suerte que
tengo éste jazmín junto a mi banco que me llena el aire de aromas, de flores y
de tranquilidad.
¡Y éste hombre sigue sin aparecer! Pues que no crea que
voy a seguir viniendo todos los días, con la de cosas que tengo que hacer. Si
acaso vendré de vez en cuando. Y además, que la semana que viene me voy a la
feria. ¡Ya lo creo que me voy! A ver si se piensa que la voy a pasar aquí como
el año pasado. ¡Me gustaba tanto bailar! En fin… Ya veré lo que hago.
Ahí llega la parejita de la moto azul. Muy bien, sin
casco ni nada. Se sientan en el banco más apartado. Les da igual que le falten
la mitad de las tablas. La espalda está claro que no les duele. —¡Bendita
juventud! Como decía mi madre…— Besos, besos y más besos… Ahora están seguros
de que nunca se quedarán solos… Mejor así.
La verdad es que soy la más normal de todos los que pasan
por aquí. La más normal y la más cansada.
Me voy que ya empieza
a oler el puchero de la del primero. Esta mujer no tiene imaginación para la
cocina…
Estoy viendo, que
se me ha despistado otra vez. Los hombres ya se sabe, no tienen memoria más que
para el fútbol.
A veces pienso que se ha podido olvidar de mí… Pero
enseguida se me pasa. Definitivamente, él nunca podría dejar de pensar en nosotros. Eso sería imposible.
Mañana viene seguro, es sábado y el martes es mi
cumpleaños. Estoy convencida de que esta vez se acuerda. Igual hasta me trae un
regalo. A lo mejor lo está comprando ahora… ¡Que ilusión! Como venga con algo
no voy a saber que decir.
Seguro que aparece
a la hora más inesperada. ¡Mira que si asoma por la esquina con un enorme y
precioso ramo de flores…! ¿Y si me encarga una tarta? Ay, que este hombre es
capaz… Una tarta de milhojas llena de velas… Con esa luz tan romántica que dan….
Tengo que pensar el deseo que voy a pedir cuando las sople. Me emociono solo de
imaginar el momento. Él siempre ha sabido cómo llenarme de sensaciones bonitas. Él sabe hacerlo... Hasta cuando no está.
Esta tarde tengo
que ir a la peluquería y luego pensaré lo que voy a ponerme mañana. ¿Falda o pantalón? Ay, yo que sé... ¡Estoy tan nerviosa!
Sin duda, los
sesenta es la mejor edad para una mujer… Últimamente lo pienso a menudo.